04/10/26 - Al rítmo de la oscuridad
Poniendo a prueba la accesibilidad de Rhythm Paradise Groove
La pruebaHace unas semanas, en un campamento de >niños con discapacidad visual de entre 7 y 12 años tuve la oportunidad de preparar una actividad dónde estos tuvieron la oportunidad de jugar una serie de minijuegos cooperativos y competitivos del videojuego Rhythm Paradise Groove, junto con el uso de controles alternativos con el controlador Makey Makey.
Por motivos de privacidad, no puedo compartir fotografías, pero sí que me gustaría compartir mis sensaciones tras vivir esta experiencia.
ObjetivoMi objetivo principal con esta actividad era comprobar la efectividad de los minijuegos propuestos en el videojuego. Es la primera entrega de la saga que se ha preocupado en aplicar elementos de accesibilidad para personas con discapacidad visual. Tales como la narración de escenas y de elementos del menú.
Al poder comprobar qué tan bién funciona el diseño de estos y las soluciones propuestas, mi intención es poder usar toda esta experiencia y análisis para el diseño y creación de futuras experiencias interactivas que involucren la implementación de soluciones accesibles.
Los controlesPara los controles tuve en cuenta que la experiencia iba a ser usada por niños, también que la naturaleza de los minijuegos invita a ser rápido y pulsar repetidamente botones. Por lo que la comodidad y resistencia estos eran factores a tener muy en cuenta.
Con Makey Makey, cualquier elemento que se usara como botón requiere cerrar un circuito. En este caso lo resolví juntando las pinzas del cable del polo negativo a unas >cintas de pelo que usé como pulseras. Como control principal se usó una alfombrilla y una esponja recubiertas en papel de aluminio para poder usados como pulsador cómo que puediese soportar golpes fuertes.
Desarrollo de las sesionesDebido a que el número máximo de jugadores era de 4, tuve que hacer varios turnos. Para esto fue esencial la ayuda de las monitoras, que mantuvieron al resto de niños entretenidos durante las sesiones.
En cada sesión, se hacía una introducción sobre cómo eran los controles que iban a usar. En las primeras sesiones fui consciente de la importancia de explicar con claridad el funcionamiento de estos, ya que los niños tenían un fuerte interés por saber qué estaban tocando y cómo iba a funcionar.
Tras la explicación de los controles, se asignaban los nombres. El juego da la opción de elegir un nombre corto por participante para poder narrar luego las puntuaciones. En el primer turno hubo un poco de confusión porque no tenía claro qué nombre de los asignados por defecto correspondía a cada controlador. Esto se solucionó en los siguientes turnos apuntando cada nombre junto al color de su cable y haciendo una comprobación con los niños: decía el alias de cada jugador y le pedía que levantara la mano.
Llegado el momento de poner cada uno de los minijuegos se hacía una pequeña explicación sobre este. Cómo se jugaba y en qué consistía, para luego proceder a ponerlo en práctica en una sesión de prueba que el juego proporciona. Es un gran acierto disponer de esa parte y ayuda a que todos los jugadores estén al mismo nivel a la hora de competir.
Los minijuegosSe probaron varios minijuegos, por problemas a la hora de enumerar los turnos de acción en dos de ellos se acabaron descartando. A pesar de intentar resolverlo diciendo a quién le tocaba actuar en cada momento la confusión fué notoria. Debido a que ese tiempo interfería con el de rango de acción, al ser un juego basado en el ritmo y jugando con personas con discapacidad visual esos minijuegos se tuvieron que descartar. Dejando espacio a otros dos que sí tuvieron mucho éxito.
El primero de ellos tenía como premisa ser la primera persona en coger un trozo de tarta. La mecánica principal era esperar al momento justo, dictado por una cuenta atrás que iba a diferentes ritmos según la ronda y que dejaba de contar también en momentos aleatorios. De ahí al llegar al 0 el primero en pulsar el botón ganaba la ronda. El primero en ganar 3 rondas ganaba la partida.
El segundo consistía en una carrera en la que se tenía que seguir el rítmo de la música para ir manteniendo las zancadas. Este iba variando en diferentes momentos de la partida y la velocidad al final iba aumentando. Aquí detecté junto a Mar, la monitora que me acompañaba, que necesitabamos marcar los ritmos como apoyo al ser un poco difíciles de identificar. Este apoyo añadió un toque divertido que hizo la experiencia más distendida y con más participación por nuestra parte.
RecepciónLa recepción general fué bastante positiva. A pesar de que en la primera ronda fué un poco caótica debido a problemas con la asignación de nombres y comprobar que algunos minijuegos no encajaban bien.
Tras tener en cuenta esos factores y mejorar en las siguientes sí se notó una muy buena recepción. Todos querían repetir y muchos volvían para acompañar a los nuevos jugadores para darles ánimos y consejos. Formando así un ambiente de colaboración.
Conclusión
Esta experiencia ha renovado mi motivación para seguir investigando y creando experiencias interactivas accesibles para personas
con discapacidad visual. Ha sido muy reconfortante ver que todos los niños, independientemente del grado de visión,
jugaban en las mismas condiciones.
Me gustaría agradecerle a José Ángel la confianza puesta en mí a la hora de darme permiso y el espacio necesario para poder desarrollar la actividad sin impedimento alguno. Por tratarme como uno más de la familia.
Y también a Mar, por todo el feedback y ayuda que me ha dado antes, durante y después de la actividad de manera desinteresada.Has sido una pieza fundamental de esta pequeña experiencia.